Un adiós fenomenológico y un “me quedo” eterno legó Bert Hellinger en tierra Maya, a una apasionada audiencia de mil personas: consteladores y constelados, pedagogos y psicólogos, en su 19 visita a México, quizá la última.

Hellinger quien acuñó un método sistémico y cuántico de transformación humana al activar los principios básicos de la existencia con la universalización de las Constelaciones Familiares, llegó a México hace 14 años, a mostrar el potencial sanador de los órdenes del amor y de los órdenes de la ayuda, mostrando la realidad de los campos morfogenéticos en el despliegue de la conciencia individual y colectiva.

Otrora sacerdote católico, misionero en tierras africanas, cosechó de los zulúes la honra a los ancestros y encontró formas extraordinarias de reconciliación entre víctimas y victimarios, él, un alemán que miró de frente el dolor de la Segunda Guerra Mundial y su horror: el Holocausto.

El maestro Hellinger se convirtió rápidamente en un fértil autor con más de 50 títulos que han sido traducidos a 12 idiomas. A pesar de ello, sus métodos, filosofía y terapia son por algunos desdeñados como seudocientíficos. ¿Misticismo cuántico? ¿Terapia sistémica? ¿antropología clínica? ¿cosmic power? ¿escuela de vida? ¿terapia transgeneracional? ¿chamanismo post-moderno?. Para él solo: Constelaciones Familiares, una escuela de pensamiento reciente, prolífica y polémica, con millones de seguidores. Apenas en 1993 Bert Hellinger, junto con Gunthard Webber y Hunter Beaumont, publicaron “Fortuna caprichosa. Concepto y práctica de la psicoterapia sistémica“, en este texto Hellinger ya había dejado ver la fuerza de su nuevo paradigma. Como toda gran escuela de conocimiento fue engendrada por la increíble capacidad de sintetizar y unir sabidurías de varias dimensiones. Incluye el descubrimiento del “guión de vida” de Eric Berne, creador del Análisis Transaccional, las “Lealtades invisibles” de Iván Boszormenyi-Nagy; la Terapia Primal de Arthur Janov y los trabajos de Milton Erickson en hipnosis y PNL (Programación Neurolingüística); además de la teoría Psicoanalítica de Freud y los conceptos del Inconsciente Colectivo de Carl Gustav Jung. Hellinger también conoció el trabajo de Virginia Satir, terapeuta estadounidense, quien colocaba sillas cuando algunos miembros de la familia faltaban a la terapia, sillas que después sustituyó por personas, descubriendo que los representantes podían sentir y vivir lo mismo que las personas a las que representaban, por el mero hecho de ocupar un determinado lugar.

Hellinger no se detuvo y siguió el movimiento a la unificación de campos de conocimiento. Aunque le costó detractores, de los órdenes de la ayuda y los órdenes del amor, pasó a los movimientos del alma y de ahí a los movimientos del espíritu. En Alemania le entrecerraron las puertas y en varios países sus primeros discípulos le abandonaron.

Fue en México donde a través de la mancuerna Alfonso Malpica y Angélica Olvera logró matricular su conocimiento, experiencia y teología encauzándolas a las corrientes de la formación académica con valor curricular. Con el soporte del Centro Universitario Doctor Emilio Cárdenas CUDEC, una institución privada con arraigo en Tlalnepantla, y proyección en Europa y América Latina, fundada en 1974 y con alta experiencia en Programas de Apoyo Familiar, la filosofía Hellingeriana es ya el enfoque principal de licenciaturas, maestrías y doctorados en Psicología, Pedagogía y Administración de Empresas.

A sus 91 años, el maestro sigue siendo polémico.

¿Dónde está Jesús? ¿dónde está aquí el amor? o esto, ¿es puro teatro? inquirió una y otra vez al público, reunido en Cancún este febrero del 2017. Acuñando un mensaje teológico que algunos desconcertó, dijo “las cosas esenciales se dan en la quietud” una y otra vez repitió ¿dónde está Jesús? pregunta que constituyó el preámbulo para descorrer los velos de su intimidad espiritual y conectarnos con los estados de su cercanía con el otro mundo.

“Yo fui llevado a otro mundo, a otro nivel, de mayor grandeza, donde un amor mayor se manifiesta. Un hombre se acercó y me llevó, me llevó donde Jesús y cuando digo esto, estoy profundamente conmovido. Cuando estuve ahí, terminó el anhelo de querer algo y me calmó en un vacio de paz. Es otro mundo, de otro tiempo, de otra dimensión- Con ese movimiento estoy en una sintonía profunda y asiento a todo esto lleno de devoción”

Soy un teólogo dijo Hellinger casi disculpándose y entre pausa y pausa, Constelación y Constelación, hizo lo que los maestros espirituales hacen: ofreció una iniciación.

“¿Quieren que los lleve a ese otro nivel?, ¿De verdad, quieren que los lleve ahí? ¿están listos?” sondeaba una y otra vez como el cerrajero puliendo la llave para alistarla a desbrochar la cerradura.

Y lo hizo.

“Cuando los miro, miro a cada uno de ustedes, todos están en mí y yo estoy en todos ustedes. Así es. Y todo lo que viene aquí viene de otro poder. ¿quién ha estado para mi del todo presente? Siempre es Jesús, él permanece. y, ¿dónde permanezco yo?: en el amor. Fui llevado a un movimiento específico y ahí estuvo alguien para mí, que seguía avanzando a otro nivel. Así como ahora yo estoy para ustedes guiándolos a otro nivel. Lo que queremos no tiene importancia, porque algo crucial se hizo visible y cuando lo crucial aparece me quedo en silencio, en ese vacío quieto. Por un lado están las Constelaciones con un asunto preciso. Pero aquí los traigo a algo totalmente distinto: a otro nivel; sé que está en marcha otro poder, algo totalmente nuevo, es otro mundo, con una grandeza mayor y un amor mayor, al que seremos llevados ahora…”

Y aquí lo dejo”.

Tras un silencio, con la claridad de una atmósfera diferente fuimos permeados por un campo sutil de mayor luz y paz, abarcados por una presencia unificadora. Entonces Hellinger invitó a la audiencia a compartir en grupos la experiencia.

En el círculo donde estuvo esta narradora y en otro más que fue compartido por otra psicoterapeuta, los integrantes quedamos en silencio y nos miramos con amor atestiguando ese nuevo mundo que está en la profundidad de la mirada y el asentimiento a nuestra complicidad amorosa desde el corazón.

“Yo ya no estoy en este mundo”, dijo Hellinger y al mismo tiempo aseguró: permanezco, “me quedo”, en un aforismo que encumbraba una mirada desde el otro mundo.

Hellinger transmitió la certeza del origen humano, su origen divino, invocándonos a permanecer en la percepción de reinos sutiles que emergen de otro poder, proveniente de la guía del Gran Alma, el Alma Vasta, la Fuente Única de la Existencia, el Señorío de los Mundos, que nos recrea y nos sana llevándonos a niveles más profundos del amor, la Única Verdad.

“Yo ya no estoy en este mundo” Bert Hellinger
Por Janine Rodiles Hernández


1 comentario

Rocio · 12 octubre, 2019 a las 3:01 am

Vine de la Luz y aunque perdida anduve , retorne a la luz divina . Gratitud interior está en mi ser.

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